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Un estudio de la cátedra de Botánica Agrícola de la Facultad de Agronomía
de la Universidad de Buenos Aires (Fauba) revela que, aun con las mejoras genéticas,
los híbridos actuales dependen de ciertos insectos para maximizar su
rendimiento. Los investigadores indagan sobre estrategias de manejo para
asegurar la presencia de los más eficientes.
La Argentina es uno de los principales productores mundiales de girasol, el
que se cultiva comercialmente desde Chaco hasta el sur de Buenos Aires. Hoy en
día, lo que se siembra son principalmente híbridos artificiales, resultado
de un largo proceso de mejoramiento que elevó el porcentaje de aceite por
planta y disminuyó la fuerte autoincompatibilidad que tenían los ancestros
del girasol, ya que ahora las flores pueden fructificar si se polinizan con
polen de ellas mismas o de otra planta del cultivo.
"Sin embargo, la información local e internacional sobre polinización
del girasol indica que, pese a la percepción generalizada, el rendimiento del
cultivo puede estar limitado por la calidad del servicio de polinización que
brindan los insectos", explicó el agrónomo Diego Medan, director de un
proyecto UBACyT, que investiga este tema.
El equipo de la Fauba partió de una premisa muy sencilla, pero pocas veces
tenida en cuenta por los productores: si hay insectos que visiten los capítulos,
llegará polen a los estigmas y se formarán frutos. Por el contrario, si no
hay visitas de insectos, no habrá polen en los estigmas y sólo se obtendrán
frutos abortados.
En un ensayo a campo, sobre 4 hectáreas de parcelas experimentales del INTA
en General Villegas, sembradas con 30 híbridos distintos, el equipo de la
Fauba embolsó algunos capítulos y dejó otros expuestos como control.
El embolsado redujo fuertemente la tasa de fructificación (de 90 a 66%).
"El experimento confirmó que una fracción significativa del rendimiento
depende del servicio de los polinizadores, aun cuando muchas flores cubiertas
fructificaron de todos modos. Esto era de esperar ya que los híbridos
actuales se han mejorado genéticamente para independizar al girasol de sus
polinizadores, pero evidentemente esto no se ha logrado del todo aún",
señaló Medan.
Sin embargo, muchos agricultores están persuadidos de que los híbridos
actuales tienen tal eficiencia en su autopolinización, que la instalación
sistemática de colmenas de abejas melíferas en las cercanías del cultivo ya
no parece una práctica generalizada.
Los científicos advirtieron que la polinización adecuada compensa factores
adversos (autoincompatibilidad aún remanente en los genotipos comerciales,
barreras morfológicas contra la autopolinización, etcétera); una polinización
deficiente provoca aborto de frutos y/o disminución de su peso y/o de su
tenor de aceite. Valorar la calidad de la polinización es, pues, importante.
Visitantes eficientes
Una vez contestada afirmativamente la pregunta por la dependencia, los
investigadores se pusieron a trabajar para establecer qué insectos visitan el
girasol, quiénes entre ellos son polinizadores de calidad, por qué lo son, y
cuándo y dónde actúan. De este modo, se podrían establecer factores que
influyen en la calidad del servicio de polinización y estrategias de manejo
para mejorarlo. Entre 2003 y 2005, censaron y capturaron los insectos que
visitaban los capítulos y las malezas circundantes del cultivo en distintas
regiones girasoleras del país.
Comparando dos muestreos, uno realizado en General Villegas y otro en
Balcarce, los responsables del estudio observaron que, a pesar de que en el
primer sitio las visitas de los polinizadores fueron más esporádicas, los
visitantes fueron también más diversos y la tasa de fructificación fue más
elevada.
"En General Villegas, el elenco de visitantes estuvo dominado por un
grupo de abejas nativas que parecen transportar mucho más polen por individuo
que la abeja doméstica. Esta acude a los capítulos principalmente en busca
del néctar y tiende a descartar el polen que se le adhiere al cuerpo.
Concluimos que la identidad de los polinizadores puede ser tanto o más
importante que su frecuencia de visitas", explicó el director del
estudio.
Se consideró también importante analizar la estructura de la red
planta-polinizador, para lo cual estudiaron la interacción
girasol-visitantes-malezas circundantes.
"Hacer esta evaluación se justifica porque la presencia de los
polinizadores puede no depender exclusivamente de los recursos que proporciona
el cultivo. Esta información puede conducir a replantear el manejo de las áreas
que rodean al cultivo, y también a reconocer que la calidad del servicio de
polinización depende de factores tanto locales (escala de lote) como
supralocales (escala de paisaje)", amplió Medan.
En la muestra de General Villegas, el girasol y nueve malezas que se
encontraban conviviendo con el cultivo atrajeron 40 especies de insectos, de
los cuales 32,6% eran himenópteros (abejas y avispas), 23,2% lepidópteros
(mariposas), 23,2% coleópteros (escarabajos), 18,6% dípteros (moscas y
afines) y 2,3% hemípteros (chinches).
El 80% de las visitas de los insectos se concentraron en el girasol y tres de
las malezas: la mostacilla, la falsa biznaga y el cardo negro.
El análisis de esa red sugiere que existen plantas de la vegetación
circundante (malezas) que son potencialmente importantes para la polinización
del girasol, ya que podrían complementar la dieta de los visitantes del
cultivo y/o sostenerlos antes o después de la floración del girasol.
Cordón de malezas
Por todo esto, los investigadores sugieren que dejar un cordón de malezas,
generalmente combatidas por el productor, podría en algunos sitios resultar
una estrategia de manejo para favorecer la polinización y, por ende, el
rendimiento.
Un hallazgo que sorprendió a los investigadores fue la gran diversidad de
polillas que visitan al girasol por la noche. Estos insectos solo consumen néctar
y energía de la planta, pero no contribuyen con el servicio de polinización.
Fuente Diario La Nacion