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Editorial
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Hay un conocido dicho que señala que la estadística es la ciencia que predice que si hay una persona que se comió dos pollos y otra que no comió ninguno, en promedio, cada persona ha comido un pollo.
Este dicho es muy simple y mordaz pero parece ser la técnica utilizada por Organismos Oficiales que señalan en diversos medios de prensa masiva que las exportaciones apícolas han aumentado un 120 % en volumen y un 32 % en valor con respecto al 2004. Pero que sucede si comparamos las cifras con el mismo periodo del año 2003, las exportaciones de miel del primer bimestre han disminuido en un 46% en volumen y representan solo el 33,6 % del valor pagado.
Si trasladamos los precios a campo, en el año 2003 al apicultor le pagaban por cada kilo de miel de 5 a 6 pesos a “culata de camión” (pago efectivo cuando se cargaba la miel), mientras que hoy los mejores precios que se han pagado rondan los $ 2,60 por kilogramo. A la vez la comercialización sigue estando muy dificultosa ya que primero deben tomarse muestras, luego analizarlas (existiendo numerosas denuncias de manipulación de datos por parte de acopiadores y exportadores de miel) y recién poder venderlas en un mercado donde la incertidumbre es la que manda.
El
problema de residuos, más allá de ser una medida netamente paracomercial por
parte de nuestros compradores (específicamente la CE), han producido un cambio
tan grande dentro del sector apícola argentino que no solo ha relegado los
precios, sino la forma de comercialización y a la vez las metodologías de
manejo de las colmenas.
Hoy
nadie duda que hay que cambiar la forma de producir lo que puede ser a través
de protocolos de trabajo privados u oficiales, elaborando un producto trazable,
en salas habilitadas por SENASA para obtener una suerte de reaseguramiento de
calidad.
El
cómo llegar a esto, se hace un poco más difícil ya que conlleva un trabajo
extra en un momento donde la inversión no es acompañado por los precios.
La
visión de los apicultores es dispar, para los que se iniciaron o crecieron en
producción en el ultimo quinquenio la realidad actual es demoledora, pues la
gran rentabilidad por la cual se involucraron como apicultores ya no existe.
Para los que tiene muchas temporadas encima es volver a la normalidad de precios
pero con una alta demanda de requisitos para poder producir.
La
búsqueda de salidas que planteen un nuevo equilibrio sectorial tiene varias
puntas, si bien somos concientes que no existen medidas mágicas, hay aportes
desde el estado que serian necesarios. Por un lado ser más concientes de la
realidad de cada sector, tener unas retenciones del 10% con la miel a U$ 2,3.-
FOB/Kg. no es lo mismo que a U$ 1,3.- FOB/Kg., más si a esto le sumamos que
nuestros principales compradores le aplican un arancel de ingreso del 17 % a la
miel Argentina. Esto muestra que no solo competimos contra países
subvencionados, sino que por el contrario tenemos un peso del 27 % contra los
valores de producción de los países Europeos.
México
ha obtenido, a través de tratados bilaterales, arancel 0 % para la exportación
de miel a la CE, por un cupo de kilogramos que ha la fecha no pudo cubrir.
El
apoyo técnico desde el estado también requiere inversión, no se puede hablar
de planes sanitarios apícolas que cuentan con la buena voluntad de técnicos
oficiales y privados que sin recursos tratan de dar respuestas a los
apicultores.
Desde
el sector productor la falencia de conciencia de agremiación es la base más
endeble para poder regular políticas sectoriales tanto técnicas como
comerciales que brinden al menos un sector estable y predecible, quizás algo utópico
en este país.
El
camino hoy es coyuntural entre estado, apicultores, comercializadores y
productores de insumos. Todos conocemos el problema, pero ningún eslabón por
si solo puede encontrar la solución, de porque el tercer productor mundial de
miel tenga ciclos tan desiguales de precios.
Pto.
Apic. Lucas Martínez
Presidente
– Sociedad Argentina de Apicultores
*
Los valores y volúmenes de exportación han sido extractados fielmente de “Síntesis
Apícola” editado por la SAGPyA.