¿Cambia
la apicultura o los apicultores?
Hace poco
tiempo nos planteábamos el futuro incierto de la apicultura Argentina.
Como todos los
años a partir de los primeros días de julio el apicultor empieza a planificar
su nueva temporada y a resolver sus compras de material, maquinaria o aunque sea
azúcar, por lo que se genera movimiento, vendiendo miel al precio que está y
pensando que esa es la nueva realidad y aceptándola con algo de resignación.
A partir de
este mes los días se empiezan a alargar, esto lo nota la abeja y se empieza a
mover como lo hace año tras año, temporada tras temporada, su ciclo biológico
es igual, su colmena la misma, quizás con un poco menos de pintura o de cera
nueva, pero nada cambio, no se enteró que este otoño no fue igual para su
apicultor.
Parece ser que
una de las reglas básicas del sector es su falta de unión, tema que todos
sabemos y nos reprochamos y hasta nos lo reprocharon funcionarios y
desentendidos del tema. Nunca falta en alguna reunión que alguno diga “y lo
que pasa que los apicultores no nos unimos y por eso pasan estas cosas” como
si hablara de terceras personas. Teorías al respecto existen de lo más
ingeniosas, que el apicultor trabaja solo, que es un sector heterogéneo, que te
llaman cuando te necesitan, que nos une el espanto, etc., etc., etc.
Pero hoy una
luz tenue de cambio aparece. Algunas uniones se están gestando, si bien son
varios grupos y no una gran masa organizada (como todos proponemos pero no nos
disponemos) la presencia de grupos
apícolas llámese centros, asociaciones, cooperativas, mesas de concertación o
apicultores independientes, se ha hecho escuchar.
Si bien las
respuestas no fueron satisfactorias hasta el momento se llegó a la casa de
gobierno, el senado, la cámara de diputados, la secretaria, el SENASA,
cancillería, radios, revistas y muchos lugares en donde la apicultura no aparecía.
Salimos como pudimos a luchar por lo nuestro, por nuestra apicultura.
Hoy la pelea
es firme y sostenida fundamentalmente por aquellos apicultores que no pueden
vender su miel, es un reclamo solidario, sabiendo que con la falta de información
técnica existente cualquiera puede la próxima temporada ser uno de los que
este en esa situación.
La colmena no
cambio, la apicultura en su definición pura como el arte de criar abejas
tampoco. Cambio el encuadre social de los apicultores.
Afirmemos ese
cambio, aquellos apicultores que nunca participaron empiecen a interesarse por
los problemas y apoyen aquellos que intentar trabajar por agruparse.
Los que vienen
trabajando y no ven la respuesta no bajen los brazos, de los apicultores que
luchan algunos o días o toda la vida, es que se puede nutrir este cambio.
Estamos muy
acostumbrados a no ser dueños de nuestros destinos, a resignarnos y seguir,
bajar el lomo y seguir trabajando que es lo que sabemos, pero no nos resignemos,
cambiemos nuestra apicultura. La mayoría de los apicultores no estamos en esto
por negocio, estamos por que nos gusta la abeja y generamos de la apicultura un
estilo de vida.
Si cambiamos
los apicultores y nos hacemos mas solidarios y unidos, la colmena y la abeja no
cambiará pero nosotros seremos dueños de nuestro estilo de vida.
Lucas
Martínez
Presidente
SADA