El mercado de la miel sigue dando sorpresas.

Quienes estamos en este mercado, sabemos que Argentina y China son los principales exportadores de miel en todo el mundo. Y sólo con ver algunas cifras nos podemos dar cuenta fácilmente de ello. Con respecto a la Argentina, ésta produce alrededor de 90.000 TM, de las cuales destina al mercado internacional alrededor de 85.000 TM o más. Por otro lado, China produce alrededor de 200.000 TM, de las cuales alrededor 90.000 TM son destinadas al mercado internacional.

En cuanto a los países importadores de miel, los principales son Estados Unidos y Alemania. Pero también sabemos que Argentina y China fueron penalizados por Estados Unidos por medidas antidumping, y que la Unión Europea ha suspendido temporalmente las importaciones de mieles chinas debido a la contaminación de las mismas con cloranfenicol por lo cual los demás países importadores se plegaron a esta medida y reforzaron los controles, provocando que muchos containers fueran rechazados.

En el mes de marzo de este año debía ser revisada esta medida por el Comité Veterinario Permanente de la Unión Europea, pero debido a la aparición de la neumonía atípica se suspendió este viaje hasta septiembre de este mismo año. Aunque dada la magnitud de esta epidemia es muy difícil que se concrete este viaje, por lo menos en este año.

Como consecuencia de todo esto, la mayoría de los países importadores no aceptaron las mieles chinas. Por consiguiente, todo ello hace pensar en una faltante de miel sin precedentes en el mundo, quizás nunca antes vista. Asimismo, hay que recordar que nosotros no tuvimos una buena cosecha debido a las malas jugadas climáticas.

Y justamente era en esta época del año cuando obteníamos los mejores precios. Pero, ¡sorpresa! No sólo los precios han bajado significativamente, sino que la mayoría de los exportadores se retiraron de la compra.

¿Qué es lo que está pasando? Los exportadores hablan de una falta de pedidos del exterior; también se habla de una gran recesión en el Mercado Europeo. Pero por lo que podemos observar en las estadísticas de mieles exportadas en el año 2003 (todavía provisorias), tenemos que creer que las mieles chinas han logrado burlar los controles y, por triangulaciones u otros métodos, están circulando por el mundo. Por todo esto es que en los mercados importadores las necesidades de miel están satisfechas.

Por nuestro lado, fue sancionada la resolución 186/2003 en la cual se aprobaron los sistemas de control tendientes a establecer las condiciones de “Rastreabilidad y trazabilidad para la miel, desde su obtención hasta su posterior destino a embarque para exportación”. La finalidad de dicha resolución es establecer el adecuado funcionamiento de un sistema que permita conocer el origen y las secuencias de los procedimientos de obtención de miel, a fin de facilitar la rastreabilidad o trazabilidad de dicho producto en toda su cadena productiva, incluso hasta su embarque para exportación en un puesto fronterizo. Además, establece que el sistema tiene como fundamento la intervención del SENASA dentro del circuito productivo y de tránsito de la miel hasta su embarque para exportación, con la finalidad de conocer y/o tomar acciones correctivas en caso de comprobar alteraciones que afecten al producto. Por último, deja establecido que la extracción de la miel desde los colmenares debe ser realizada en los establecimientos (salas de extracción) contemplados en la resolución Nº 353 con fecha 23 de abril de 2002, del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria.

Todo esto me parece excelente, y además es lo que nos exige aparentemente el mercado externo. Digo aparentemente, porque solemos ser más papistas que el Papa.

Pero parece que nuestras autoridades siguen viviendo en el primer mundo y nosotros en la realidad que nos golpea día a día. Seguimos excluyendo gente del sistema, porque quisiera que algún día alguien pueda explicar cómo una familia complementa su magra entrada con tres o cuatro tambores -o tal vez menos- de miel por año; si una planta de extracción cuesta, dando un precio irrisorio, entre 30 mil y 40 mil pesos.

Y esto no ocurre en los confines de los límites de nuestro país, ocurre a pocos kilómetros de los escritorios de nuestros funcionarios.

Hasta la próxima