Informe general de la cosecha 2002/2003.
Las bajas producciones de miel ya parecen ser un síntoma mundial, los cambios climáticos (presumiblemente por los efectos del sobrecalentamiento del planeta) están causando mermas en la producción de miel en otras latitudes y también parecen haber tenido efecto en nuestras praderas.
Lo cierto es que en gran parte de nuestro país las lluvias vinieron antes o después de lo esperado. Esto generó zonas con una primavera seca, que no permitió un buen desarrollo de las plantas, y zonas con escasez o sobreabundancia de agua, lo cual tuvo consecuencias negativas en plena época de cosecha.
Ya las cosas empezaron mal en Tucumán y en el norte de Córdoba, hubo una buena reproducción de abejas gracias a la floración natural y a los citrus pero la producción de miel no fue la misma que se estilan en las buenas primaveras.
Tampoco el norte de Córdoba y el sur de Santiago del Estero tuvieron una buena temporada, la seca y las heladas tardías diezmaron la floración del monte.
Las primeras buenas noticias se recibieron desde el sur del Chaco, provincia que está creciendo muy prolijamente en el número y la calidad de sus apicultores que después de muchos años de trabajo y una buena organización empiezan a lograr una buena cantidad de tambores cuando en las demás zonas todavía no despuntó la temporada.
A principios de diciembre la temporada tenia muy buenas perspectivas, las lluvias eran escalonadas, algunas zonas con un poco de faltante de agua, el ascenso de la temperatura gradual transformaba las pasturas en un verdor absoluto con un crecimiento vegetal de tréboles y cardales que llevaba a pensar en una cosecha récord.
Diciembre fue decisivo, donde llovió hubo algo de miel, donde las lluvias se hicieron esperar o se durmieron unos cuantos días la cosecha fracasó.
El noreste de Córdoba y norte de Santa Fe fueron las primeras zonas que mostraron esas características: zonas de 15 a 20 Kg., otras con promedios de 35Kg. ,y las mejores franjas que recibieron todas las lluvia llegaron a los 45Kg. y 50Kg.
El sur de Córdoba y sur de San Luis vivieron unas de sus peores temporadas, con lluvias escasas pero con muchos días de lloviznas y sin sol el resultado fue que la cosecha primero se atrasara y luego, ya entrado febrero, se vislumbrara el fracaso con promedios de 15 a 25 Kg. en zonas que históricamente pisan los 60 Kg. de promedio, lo que llevó a declarar a la provincia con emergencia apícola.
El norte y centro de La Pampa y el noroeste de Buenos Aires corrió con la peor suerte, una sequía intensa desde diciembre barrió con los promedios históricos (pensar que hace un tiempo atrás sufría inundaciones nunca vistas) y las buena cosechas que siempre se le atribuyeron a esa zona, donde existe una de las mayores concentraciones de colmenas en nuestro país y que tiene como asentamiento desde hace unos cuantos años a grandes y medianos apicultores de diversas zonas que se afincaron en la región por su inmejorable riqueza melífera. Los promedios fueron los más bajos de la última década, estuvieron entre los 15 y 20 kilos pero existieron islas donde las lluvias ayudaron a llegar a los 40 kilos.
En la provincia de Buenos Aires, el tema fue desigual, ya que la misma cuenta con numerosas zonas que dividen a la provincia en parches con floraciones muy diferentes demarcadas en su mayoría por la calidad de la tierra y por sus características agrícolas o ganaderas.
El norte de la provincia de Bs. As. tuvo algo de miel, las hectáreas de soja crecen y las malezas, que en general son flora apícola, se acaban con el arado y los herbicidas dándole a esa gran zona de cultivo techos de 25 a 30 Kg.
El centro y este de la provincia tuvo, para lo que son sus rindes, un buen año, con promedios de 25 a 30 Kg. , no les falto agua, más bien les viene sobrando. Los cardales no fueron numerosos pero existieron y segregaron néctar, al igual que las pasturas que tuvieron un buen desarrollo vegetal y por ende una buena floración antes de los cortes para enrollar.
En el sur de la provincia de Buenos Aires y de La Pampa hubo una de cal y una de arena, el abrepuño estuvo esquivo, ya que el agua se daba en franjas, al igual que la flor amarilla que estaba espectante y que frente al primer agua segregaba néctar. Aquí los promedios rondaron los 35 a 40Kg. en las franjas con lluvias moderadas existiendo zonas con una mayor falta de agua, que tuvieron a los apicultores mirando el cielo todo el verano, el abrepuño estaba pero la miel no. Las zonas en las que la humedad les jugó una buena pasada marcaron rindes de 60 Kg., siendo unos de los mayores promedios en el país.
En las zonas tardías, como Concordia y Federación, el eucaliptus aportó miel, los apicultores que llevaron sus colmenas con buena población sacaron muy buenos kilos hasta fines de marzo, en una temporada que no se veía hace tiempo, pero los apicultores que llevaron sus colmenas provenientes de zonas en donde la temporada había fracasado, sin desarrollo de la colmena y con pocas abejas hicieron un doble sapo, ya que no sacaron gran cantidad de miel, aumentaron sus gastos y sufrieron ( en muchos casos) una patología de los últimos años, que es el robo de colmenas, cosecha o nucleado, según la ocasión. Problema que se viene agravando en todo el país y sobre todo en estas zonas donde se concentran gran cantidad de colmenas de apicultores móviles.
La zona de la flor amarilla sufrió la misma suerte, colmenas con buena población dieron algún alza más siempre y cuando la humedad ayudara. Hay zonas donde la flor amarilla esta desapareciendo, por falta de agua (en determinados momentos) e inundaciones y abnegación de la tierra en otros.
En síntesis, la temporada apícola de nuestro país fracaso, ya no se escuchan los promedios de 80 o 70 Kg. por colmena dignos de nuestras pampas. Los datos de exportación de los primeros meses no disminuyeron significativamente con respecto al año anterior, habrá que ver qué pasa promediando la mitad del año. Los buenos precios y la inseguridad de poder guardar unos cuantos tambores sin que nadie se entere para que los cacos no hagan de las suyas puede haber influido en que estos primeros datos sean así.
En este momento los galpones de los exportadores están bastante llenos, miel en el campo mucha no se ve.
Nadie se arriesga a estimar un dato más o menos preciso de cuál fue la merma de miel con respecto al año anterior en cifras globales. Lo que se escucha es que la producción este año no alcanzaría a un 60 % de lo que fue la temporada 2002, es decir, una baja de cerca del 40 %.
Por suerte los apicultores, como diría el padre de un apicultor amigo, somos como los pescadores: siempre piensan en lo que van a pescar mañana sin importarles tanto cómo fue la pesca de ayer.
Más allá de que seguramente como buenos apicultores nos estaremos preparando para la buena temporada que viene no sería equivocado, por lo que se viene presentando en los últimos años, empezar a bajar los promedios cuando hacemos nuestros cálculos porque, queramos o no, es más certero pensar en un rinde de 25 kilos que los 40 o 50 kilos que siempre estimamos.
Vicepresidente
SADA