Dulce alerta
Según investigadores, las abejas sobreviven en el planeta desde hace más de
40 millones de años.
Varios episodios, por primera vez en el país, develaron a investigadores de
la Universidad Nacional y la Secretaría Distrital de Salud, que huellas del
veneno de ciertas especies de abejas podrían ser la causa de una particular
intoxicación con miel.
Ciertos pescados, como la barracuda o el pez globo, el trigo, las semillas
de las almendras, las cerezas, las ciruelas o los duraznos, los espárragos,
las papas inmaduras y otros alimentos tienen algo en común: "consumidos en
forma tradicional, pueden llegar a causar daño, en un momento determinado,
por la presencia de compuestos en concentraciones bajas, de tóxicos
naturales", señala Nancy Patiño, docente de la Facultad de Medicina de la
Universidad Nacional.
No es para alarmarse. Sólo ciertas condiciones hacen que se manifiesten
dichos elementos y causen efectos adversos al organismo humano. Por ejemplo,
procesos de refinación, de almacenamiento, de elaboración o, en el caso de
algunos pescados, la no eliminación completa de las vísceras, podrían causar
problemas. Una situación que, por demás, se explica porque "es la forma de
defensa de diversas plantas y animales contra los predadores", aclara la
profesora Patiño.
El episodio de 20 personas intoxicadas con miel, es un ejemplo claro de cómo
los tóxicos naturales se manifiestan inesperadamente. No se trata de
falsificación, ni del manejo microbiológico inadecuado a la hora se su
envasado, ni de la adulteración por Clostridium botulinun, que se genera con
la mala manipulación en su producción y consumo.
Veneno natural
Ese día, don Fulgencio no imaginó que su campero estacionado en la vereda
Carrisal, a diez minutos de Fómeque, serviría para auxiliar a ocho de los
integrantes de la familia de su compadre. Con un pedazo de panal, este
último agradeció de antemano el favor de llevarlos a urgencias al hospital.
Pero mientras los atendían, la idea de saborear una parte del regalo que le
habían hecho, lo llevó a estar al lado de sus amigos, también, con
convulsiones, vómito y diarrea.
Un mal momento para don Fulgencio, pero un indicio oportuno para los médicos
que por fin lograron identificar con exactitud la fuente de la intoxicación,
que ya antes habían buscado con otros pacientes que vinieron de Quetame y
Cáqueza, y que debieron dar de alta sin tener certeza sobre el agente
causante de la alteración.
Las primeras sospechas fueron asociadas a contaminación química. La miel es
uno de los productos más populares en la zonas campesinas colombianas, y la
hipótesis de que las abejas hubiesen transportado en sus patas rastros de
alcaloides durante la polinización o que los panales resultasen viciados por
efecto de la fumigación de cultivos cercanos, llevaron a realizar diversas
pruebas.
La alerta epidemiológica para Cundinamarca ya había sido declarada, cuando
el Laboratorio de Toxicología de la Universidad Nacional y la Secretaría
Distrital de Salud de Bogotá analizaban muestras de un panal, de miel, de
orina y sangre de distintas personas, entre otras, unas remitidas por el
Invima, provenientes de Cúcuta y de Ubaté, donde también se reportaron
casos. Los exámenes buscaban residuos de sustancias como borrachero –la
planta de la cual se obtiene la escopolamina–, cocaína, heroína u
organofosforados –potentes insecticidas de uso agrícola–, sustancias a las
cuales, además, se asocia una sintomatología parecida a la advertida en los
pacientes estudiados.
Los resultados fueron negativos para los distintos análisis, lo que hizo
suponer que el origen de la contaminación era biológico, esto es
"proveniente de la apitoxina, el veneno almacenado en el aguijón de ciertas
especies de abejas", arguye la química Nancy Patiño.
Médicos atentos
El veneno producido por las mismas abejas es conocido como apitoxina.
Aunque se requieren la ayuda técnica para realizar la prueba de apitoxina,
cuya tecnología no existe en el país, y el apoyo científico de un entomólogo
especializado en abejas, la migración en el primer trimestre del año de
abejas africanizadas a lo largo del territorio nacional, de sur a norte, al
tiempo con los vientos alisios, hizo suponer a Dennis Hernández y a la
epidemióloga Carolina Villalba, funcionarios de la Secretaría de Salud de
Cundinamarca, quienes adelantaron un estudio de campo, "que probablemente
éstas fueron las responsables del brote".
Hasta ahora, en la miel han sido identificadas 181 sustancias benéficas
provenientes de los néctares de distintas especies florales y es indudable
su valor nutricional y terapéutico, pues muchas veces este contenido de
elementos no se encuentra en ningún otro alimento. Pero, es posible que las
huellas del veneno que producen las obreras y que inyectan con su aguijón
cuando se les molesta, hayan quedado en la miel, provocando los episodios de
intoxicación, que coinciden con la ruta seguida por los enjambres de abejas
africanizadas.
La finalidad del estudio de este caso clínico, por primera vez presentado en
Colombia a principios de año, es que los médicos tengan conocimiento de la
causa de intoxicación por ingesta de miel, "y sepan diferenciar entre una
sustancia química y una natural, para estar mejor preparados en el manejo de
estos casos", sostiene la profesora Nancy Patiño.
mcrojasr@unal.edu.co