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APITERAPIA Y ANTIOXIDANTES
La valoración
precisa de los productos de la colmena hace necesaria
una introducción en el
conocimiento de los antioxidantes.
Definir
a un antioxidante como una substancia que evita la oxidación es una solución
simplista, sin valor semántico, ni técnicamente aceptable.
Para una interpretación exacta de
lo que es un antioxidante primero
debemos hacer referencia al conjunto de fenómenos naturales ligados a la
existencia o producción de los
oxidantes biológicos. De este modo resultará más
significativa la descripción de lo que es un antioxidante.
El total de los cambios físico-químicos que ocurren en los organismos vivos se denomina metabolismo. Dichos procesos biológicos utilizan al oxígeno para oxidar substancias químicas obtenidas desde los alimentos, produciendo energía, agua, anhídrido carbónico y radicales libres. Semejante a un motor de explosión: en el carburador se produce la mezcla explosiva combustible + aire que al explotar genera la energía que mueve el motor, agua y anhídrido carbónico A diferencia del “motor mecánico”, el “motor orgánico” produce moléculas oxidantes denominadas radicales libres.
En
los organismos, la energía biológica
es utilizada para el funcionamiento celular, que en
conjunto se integran como tejidos
y órganos, cada uno con acciones orgánicas específicas. El agua y anhídrido
carbónico son eliminados o utilizados por el organismo. Los radicales libres,
que tienen la capacidad de
modificar o alterar la química
celular, sufren procesos defensivos
del organismo que minimizan sus efectos dañinos.
Estos
compuestos tan perniciosos producen
los mismos trastornos que las radiaciones ionizantes o radioactivas (rayos X,
rayos gama, energía
nuclear, etc). Las principales consecuencias
son: el envejecimiento orgánico
, la degeneración de tejidos,
deficiencias en la inmunidad, etc.
Dado que la cantidad de oxidantes está en relación
directa a la actividad metabólica (1, 2, 3), cuanto mayor actividad metabólica
tiene una especie menor vida tienen sus individuos.
Quizás esto explique porque una rata, con un índice metabólico
siete veces superior al hombre, a los dos años de edad sea longeva y
propensa a padecer cáncer mientras que
a esa edad la especie humana
está en su primer etapa de crecimiento y
el cáncer no es frecuente.
Con
esta introducción podemos definir
a los antioxidantes como un
conjunto de compuestos químicos o procesos biológicos que contrarestan los
efectos nocivos de los oxidantes.
Las vitaminas C y E, los carótenoides , el selenio y flavonoides
son las moléculas químicas antioxidantes más conocidas.
Como procesos orgánicos
defensivos contra las moléculas oxidantes tenemos la acción producida por
complejos mecanismos químicos (enzimas) que interactúan con ellas, permitiendo
al organismo neutralizarlos o eliminarlos mediante las excretas.
La
miel, el propóleo, el polen, la
jalea real, las frutas y verduras
contienen suficiente cantidad de antioxidantes.
Su ingesta suple lo necesario para una adecuada
protección biológica contra
el daño de los oxidantes.
Distintas
razones hacen que los mecanismos defensivos antioxidantes de los organismos no
logren anular o eliminar la totalidad
de los radicales libres, lo que permite su acumulación.
Esto también ocurre como
consecuencia de una mayor producción de
compuestos oxidantes o de una escasa neutralización de los mismos.
El
daño más importante que producen los oxidantes acumulados
es la modificación química de las estructuras del núcleo celular.
Siendo que en dicha parte celular se encuentran las funciones de reproducción y
crecimiento celular, el efecto de los oxidantes
altera tales funciones, siendo esto el
origen de los trastornos propios
del envejecimiento, del cáncer,
de enfermedades degenerativas (arteriosclerosis, cataratas, artrosis,
etc).
El
hábito de fumar es una causa muy importante de sobrecarga oxidante.
El óxido nitroso que produce el hecho
de fumar (4,5) causa la oxidación de moléculas celulares que contribuyen al
desarrollo de cáncer, enfermedades cardiovasculares y muertes prematuras (6)
Es interesante observar la relación existente entre
los mecanismos orgánicos
defensivos de las infecciones y la producción de componentes oxidantes.
Los organismos combaten a las bacterias, virus y parásitos mediante la
producción de moléculas altamente oxidantes (7,8).
Si bien esto protege también daña:
las células son afectadas por la acumulación de tales componentes
oxidativos, con consecuentes
alteraciones estructurales y funcionales de
los tejidos (9,10), hecho que
facilita el desarrollo del cáncer. Esto
explica la alta incidencia del cáncer en las enfermedades infecciosas
crónicas. Tal es el caso de
las hepatitis B y C que son la mayor causa del cáncer hepático (11,12) o
las infecciones del estómago que produce el Helicobacter pylori
(padecida por el 30 % de la población mundial)
aparentemente es la mayor causa de cáncer gástrico, ulceras y gastritis
(13,14,15,16). En países de poder
adquisitivo que permite dietas con suficientes cantidades de antioxidantes (verduras, frutas, miel, polen) estos trastornos son
atenuados y de menor incidencia (17).
Otras
significativas evidencias o comprobaciones científicas
vinculan a los oxidantes con enfermedades de alta incidencia en la
población. Tal el caso de las
cataratas oculares (18,19,20), las
enfermedades cardiovasculares (21,22,23), la disfunción cerebral –enf de
Alzheimer- (24,25), la baja
protección inmunológica (26), etc.
Así
vemos como el daño celular ocasionado por los oxidantes radicales
libres alcanza a todos los tejidos. Tal
como sucede con los fumadores, o expuestos a radiaciones ionizantes,
quienes producen semen con menor cantidad de espermatozoides y de menor movilidad que
otros hombres no expuestos a tales causas oxidantes.
El hábito de fumar aumentaría el riesgo de trastornos congénitos y de cáncer infantil (27,28,29).
Esto es de suma gravedad, ya que los oxidantes
no solo afectan al organismo que padece su acumulación sino que el daño que
producen se transmite a otras
generaciones.
Las evidencias e investigaciones que indican el
aumento de cáncer y nacimientos defectuosos tras insuficientes consumo de
antioxidantes (30,31), junto a la numerosa información científica de la
necesidad de incorporar estos a la
alimentación, de lo que este escrito es un sencillo resumen, fundamentan la
indicación del consumo de alimentos que contengan
estos micronutrientes.
No
quedan dudas que debemos consumir alimentos
que contengan minerales, enzimas,
oligoelementos, vitaminas, etc, de modo que obtengamos una adecuada protección de las estructuras celulares,
base no solo de nuestra salud, sino también de quienes nos heredan.
Las abejas, consumidoras de miel, polen, propóleo y jalea real son un elocuente ejemplo de la supervivencia antioxidante. Esa alimentación les ha permitido, a pesar de su prehistórica existencia de 144 millones de años (en la historia natural son anteriores a los dinosaurios) estar entre nosotros para compartir los beneficios del consumo de sus productos.
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