Sábado
28 de octubre de 2000 Diario Clarin
Los que se juntan sin ponerse
melosos

La Argentina, con cerca de 90.000 tn anuales, es el primer exportador
mundial de miel. Ahora, casi el 100% de lo exportado sale sin valor
agregado. Esto, según nos comentó hace un tiempo Julio Lombardero,
presidente de la Federación de Cooperativas Apícolas de Buenos Aires
se debe a que "la venta externa está en manos de menos de 10
exportadores que sólo apuntan a competir con volumen, sin valor
agregado. Así, el argumento de venta es el precio, con lo que la
variable de ajuste termina siendo lo que recibe el productor",
dijo.

¿Cómo escapar a la encerrona?, fue la pregunta que se hicieron en el
98 los cooperativistas. La respuesta fue formar la Federación que, por
esos días, estaba conformada por 7 cooperativas y hoy ya suma 2.300
productores de 27 asociaciones de la provincia de Buenos Aires.
En el horizonte cercano tienen otro escollo a vencer. En marzo el SENASA
ya anunció que modificará parte de la resolución 220, que norma la
actividad apícola.
Esta modificación está motorizada por las crecientes exigencias de los
compradores del exterior —fundamentalmente de la Unión Europea— que
pretenden mejoras y estandarizaciones de uno de los procesos
fundamentales de la elaboración de la miel: las salas de extracción.
"Sólo hay siete habilitadas. Nosotros proponemos que se levanten
plantas comunitarias en las cooperativas", dijo Lombardero.
En conjunto
Claro, no todo es fácil. La construcción de las plantas implica una
fuerte erogación, y esto obliga a endeudarse. Frente a ello, los
productores necesitan un fuerte apoyo para no permanecer presos del
escaso capital con que cuentan.
También, y una cosa no quita a la otra, un camino es el asociativismo.
Tal como se muestra en la nota que acompaña a ésta, un pequeño grupo
de nueve productores de Bolívar logró superar los problemas económicos,
de escala e institucionales y levantaron su planta modelo de extracción.
Esto muestra que, sea cual sea la instancia que hace que los productores
cinchen juntos, ese compartir puede ser el germen para sortear otros
escollos. Y, sin duda, el de las salas de extracción lo es.
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