Augusto Simonetti, de la localidad de Moreno, es el productor de miel y especialista en la materia más joven de la Argentina
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El estupor sube de punto cuando se comprueba que su saber va unido a una eficiencia productiva inusitada en un púber que, antes de empezar a cursar el bachillerato, instaló una colmena en el fondo de la casa de su familia, en un barrio de Moreno.
Todo empezó hace dos años, cuando tenía 11: "Llegó -cuenta Augusto- un folleto a casa de mi abuela, lo devoré y quise lanzarme a la acción". Lo deslumbró ver cómo vivían y actuaban las abejas, cómo se llevaban entre sí, "los hombres deberíamos aprender del comportamiento en sociedad de las abejas". Con la anuencia de unos padres contagiados de su entusiasmo se anotó en un curso que duró un año: "Tenía enseñanza teórica los viernes y práctica los sábados". El siguiente año se dedicó a acudir a las conferencias que sobre el tema se daban en el Proapi y ahora estudia -con miras a recibirse de perito apicultor- en el SADA, donde profundiza su ya asombroso caudal de conocimientos.
Otro
lugar Para iniciar su producción tuvo un gasto de 85 pesos, con el que pudo
instalar un núcleo que consistía en un cajón chico, de cuatro cuadros (dos
de cría, uno de miel y otro de polen).
Augusto Simonetti trabaja la especie italiana ligústica, una de las
especies más mansas y la que más se adapta a la Argentina. Sus padres y
hermanos se acostumbraron a verlo con su blanco traje cobertor, su velo y
sus guantes: "Si no me protejo, las abejas te van a picar a la cara". Todo
su trabajo es artesanal. Una vez recolectada la miel, usa para sacarla del
tambor una cuchara de madera -"en invierno es tan dura que hay que
palanquear con mucha fuerza".
El polen, el propóleos, la jalea real y la cera son productos que
atraen con fuerza al muchacho, que tambien se capacita cada vez más en las
diferentes maneras de combatir las enfermedades de la abeja. Con
emprendedores así, el futuro del agro se presenta menos negro.
En un momento dado, cuando los vecinos empezaron a quejarse de
la proximidad del zumbador apiario de Augusto, se vio obligado a buscar
otro lugar para sus abejas. El Instituto de Desarrollo de Empresarios
Bonaerenses (IDEB) acudió en la ayuda del inquieto emprendedor y le cedió
un campito -cercano a la vivienda de los Simonetti- donde pudo instalar
sus colmenas.
Bartolomé Vedia Olivera
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